De ahí que el debate no sea si García Harfuch merece reconocimiento por su desempeño, sino qué está haciendo para fortalecer a la institución a su cargo —y a otras bajo su influencia— con el fin de transformar culturas organizacionales marcadas por la incompetencia, la corrupción y la impunidad, hacia una auténtica gestión basada en estándares éticos y profesionales acordes con un Estado constitucional de derecho.
El prestigio que podría acumular Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, sería difícil de dimensionar si la mayoría de la sociedad llegara a percibir que México empieza a salir de la crisis de seguridad que arrastra desde hace casi dos décadas.
Varios analistas políticos —cercanos o no a grupos de poder— me han señalado con creciente frecuencia que