En un bosque a las afueras de Estocolmo, al caer la tarde, una docena de personas alzan cuernos de hidromiel hacia el cielo mientras una sacerdotisa invoca a Thor. No hay pieles ni cascos con cuernos — eso es invención hollywoodense —. Aquí hay madres de familia, oficinistas con camisas azul claro, jóvenes vestidos de negro, jubilados, tatuajes con runas y galletas con forma de martillo del dios del trueno.
La escena, descrita en un crónica de The Guardian , no pertenece a ninguna recreación histórica, sino a un ritual real: un blót , la ceremonia pagana que se celebraba en Escandinavia hace más de mil años y que, contra todo pronóstico, ha regresado con fuerza. "En los países más seculares del planeta, los antiguos dioses están volviendo", escribe Siri Christiansen en su artículo.

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